Dolores May
 
 

Falsa Calma
instalación

Curador: Martín Plot. 7 al 23 de marzo de 2007. Museo Marítimo de Ushuaía, ex Presidio. Sala II. Yaganes s/n, Ushuaía, Tierra del Fuego.

Si lo falso puede transparentar toda la fuerza de lo verdadero- esta es la forma sublime de la ilusión y de la seducción-, también lo verdadero puede transparentar toda la fuerza de lo falso- y es la forma de la obcenidad.

Jean Baudrillard



Dormir abrazado a una almohada como una forma de sustituir el cuerpo que no está, es para mí la mejor forma de liberación o resistencia a un espacio opresivo. Durante la calma del sueño, ese mismo cuerpo se libera y vuelve a donde mas le gustaría estar.

 




Falsa Calma – Dead Calm
por Martín Plot

En estas tierras, la falsa calma anuncia, como en otras, la tormenta. Pero en estas tierras, y en estas celdas, esa tormenta es la libertad. En esta falsa calma que es el encierro, la calma es tanto espacio como tiempo, es antesala y preparación. Pero esta calma no es un estado permanente, un estado de reposo como ese de la física que no puede ser modificado sino por fuerzas exógenas. Este encierro es un estado de calma y no de reposo porque anuncia aquello que el reposo no puede anunciar—su propio rol en un cambio por venir. Como el pasado, entonces, la falsa calma es prólogo.

El café no hace sino dibujar en lo profundo aquello que ya estaba escrito en el reverso de las cosas. Lo que parecería indicar que la escritura precede al dibujo en una guerra de las formas en la que la primera saldría victoriosa. Pero esta idea en realidad no opone el lenguaje a lo visual sino que refiere más bien a un silencio primordial,a a un silencio que es tan distinto al silencio a secas como la falsa calma lo es a la calma a secas. Ocurre que el futuro, tanto el manifestado en el café como aquel que es aún un enigma, habita el presente en la forma de anunciación, de posibilidad. Y esa forma en la que el futuro se anuncia en el presente es tanto imagen como palabra. Pero así como el futuro ya habita el presente, éste, a su vez, habitará el futuro en la forma de pasado, como pasado que fue, en su tiempo, presente fecundo. El café—una vez en el cuerpo, o en la mente—y el sueño, son las formas en las que, sobre todo en la noche, el mundo se ocupa de mantener activo ese silencio primordial de lo por venir. Los sueños, en tanto, ¿son recuerdo o premonición? Las almohadas, es cierto, recuperan lo perdido y a la vez manifiestan la angustia de una espera. Pero muchos se preguntan si el sueño es idealización de lo dejado atrás o proyección de lo deseado por venir. ¿Es ésta una dicotomía legítima? ¿No será que son—tanto los sueños como el café, la falsa calma y el silencio primordial—formas ejemplares de ese permanente encierro entre el pasado y el futuro que es el presente? Por eso es que tanto el presente, encerrado en el tiempo, como el prisionero, encerrado en el espacio, nos atrapan y nos movilizan—una paradoja en apariencia nada más—porque el encerrado no es un encerrado, sino el encierro mismo.

Esta última idea es, alguien lo habrá notado, no una cita sino un secuestro. b Lo que me lleva nuevamente al encierro, a sus sueños y a aquellas formas que dan al futuro un lugar en el presente. En particular, me quiero referir al sueño del más temerario de los soñadores, a aquel que, en su encierro, se propone dar vida a sus sueños no a través de un actuar sobre lo real—algo que nos está muchas veces vedado, tanto a libres como a prisioneros—sino a través de un metódico soñar. En un extraño caso referido por Borges, el propósito que guiaba al soñador “no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad.” Pero el proyecto, en un comienzo, falló. El soñador soñó una multitud, pasiva, expectante, y de todos los soñados seleccionó uno. Pero ese uno, nacido ya autónomo—ese fue el error—progresó y abandonó al soñador. Este comprendió, entonces, que debía comenzar de nuevo, esta vez soñando las partes del todo una por una, añadiéndolas lentamente hasta hacerlas conformar una unidad que, esta vez sí, siendo el todo la creación del soñador y no una propiedad original de lo soñado, podría ser impuesta a la realidad a voluntad del soñador. Las partes por las que empezar, aquí, en el encierro del sur, fueron siempre dos. Y esas partes, que casi nunca llegaron a ser todo, quizás sí lograron, aunque quizás sólo en las formas y en los sueños, hablar y actuar por él.